Voz Fariana

Espacio Radial la las guerrilleras...

La historia de Colombia ha invertido muy poco en el papel de la mujer en los procesos políticos, económicos y sociales del país. Como por ejemplo, la década de los 50 en Colombia encierra para la mujer la más cruel de las paradojas. Al nacimiento de una era de trasformaciones en su condición femenina, la acompañó, brutalmente, una cadena de humillaciones. Mientras que en las grandes ciudades la mujer libraba la batalla por el ingreso a la universidad y el derecho al sufragio, entre otros de sus retos, en el campo las mujeres buscaban desesperadamente que la vida no se les ahogara en un charco de sangre.

Unas y otras quisieron a su manera salirle el paso a la guerra, mitigar sus horrores, preservar a toda una generación que latía entre sus vientres de una catástrofe que sentían que arroyarían con todo: una década, una generación, un sueño. Pero la bola de nieve de la violencia no se detuvo ni ante sexos ni edades.

Mujeres, niños y ancianos, es decir, las y los considerados los más frágiles de la sociedad pagaron de igual a igual el tributo a los ángeles de la muerte. La mujer por efecto de las transformaciones que empezaban a asomarse en su posición frente a la sociedad colombiana, pero sobre todo como consecuencia de la guerra pasaría a jugar durante las décadas siguientes un rol más destacado en la vida de las ciudades y los campos colombianos.

Dentro de este contexto, surgen a lo largo de la década; la Unión de Ciudadanas de Colombia (1954), la Unión de Mujeres Demócratas (1959) y organizaciones femeninas que desde distintos puntos buscaron resarcir social y políticamente los costos de la violencia.

Hoy todas estas luchas de aquellas mujeres, se verán revindicadas con los acuerdos alcanzados en La Habana Cuba con el gobierno colombiano, donde las farianas lograron incluir el enfoque de género en los acuerdos. Este enfoque considera las diferentes oportunidades que tienen los hombres y mujeres como ciudadanos con idénticos derechos.

Asumir este enfoque en los acuerdos de paz como propio, nos permiten ver de manera diferenciada los impactos del conflicto contra las mujeres y las personas más vulneradas.

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