Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Nos preparábamos para las 17 horas de camino que teníamos de Bogotá hacia la Zona Veredal Transitoria de Normalización “Jacobo Arango” en Dadeiba, Antioquía. Emocionadas, cargadas de dudas, materiales de colegio y hasta libros. Nunca desde hace años que decidí hacer esto, me había sentido tan ansiosa.

¡Feminismo y género! De eso íbamos a hablar, debatir y estudiar 3 mujeres bogotanas con 147 guerrilleros y guerrilleras del occidente de Colombia. No podía dejar de pensar en mis primeros años en la universidad que planteaba la necesidad de pensar la guerra, la paz y el país con gafas feministas. Ese viaje represento para mí tanta satisfacción. Eran las FARC-EP quienes con nosotras, unas simples, pero entregadas feministas, discutirían el tema del que tanto nos cohibían. Encontramos sonrisas, miradas curiosas, dudas, muchas preguntas, encontramos ganas inmensas de descubrir.

 

Llegando nos encontramos con letreros coloridos de bienvenida, paisajes que alegrarían cualquier pena, un rio que nos acompañó hasta la llegada. Banderas de la ONU, banderas blancas de paz, bandera del partido comunista clandestino y de las FARC-EP se veían desde lejos junto con las máquinas de construcción. En ese instante se me infló el corazón y sentí como si estuviera llegando a la primera cita con el amor platónico.

Miramos por unos minutos la zona en construcción por la guerrillerada trabajando, caletas sobre la montaña, niños y niñas jugando en la cancha y empezaron los abrazos amorosos recibiéndonos. Esos abrazos creo que jamás se olvidan, porque son tan sinceros y me dan tanta confianza que siento que nos conocemos hace años y solo nos hemos visto dos segundos.

El primer taller empezaba y nosotras con los nervios de punta. Se me pasó todo por la cabeza, teníamos muchas personas en el aula de trabajo de la zona a la expectativa de “las profes del taller de género”. Nuestra primera actividad la había hecho varias veces en colegios o en universidades, pero jamás me imagine hablar en ese lugar de estos temas a las 7:30pm de la noche.

No obstante, era 13 de mayo y ese día desde las 5:00 am empezamos a preparar la gran celebración del día de la madre. Los guerrilleros hicieron un hermoso letrero de bienvenida: “Madres rebeldes, hijos libres”, inflaban bombas, hicieron comida desde la madrugada, estaban arreglando la cancha, ensayando presentaciones de baile, mímica, teatro y poesía. Llegaron madres de muchos lados a verse con sus hijos e hijas, las guerrilleras estaban preciosas para su homenaje y las niñas y niños de la zona estaban vestidos para entregarles todo el amor a esas mujeres que un día los parieron con el fusil al lado.

Escuche a una señora de aproximadamente 50 años preguntándole a otra que hace cuanto su hija había decidido darle la vida a la paz, qué hace cuanto era guerrillera. Estaban tan felices conversando, tenían una mirada inconfundible de orgullo al ver a sus hijas. Ese día reafirme que no podía estar más contenta y emocionada. Que era en ese lugar, esa fecha y con mis compañeras donde debería estar. Entendí que todo ese discurso de paz, de implementación, de política tenía que estar lleno del amor que flotaba en la zona y que nada me llenaba más de orgullo que poder hablar y aportar desde lo que soy: Una feminista que cree profundamente que un país digno sí es posible y que iría al último rincón por un taller o por escuchar una de tantas historias al calor de un tinto.

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