Cuentos, Crónicas y poesía

Tuya

Quiero ver que te quieres, que te miras al espejo y sonríes, que eres más tuya que de nadie.

Te quiero así, porque sólo así haces feliz a quien te rodea.

(Anónimo)

Porque la tarea

No es pensar más y más cosas nuevas, Sino hacerlo de un modo diferente.

La tarea no es la respuesta sino el problema.

La tarea es el viaje, no el puerto de llegada.

La tarea no es el género sino la singularidad.

La tarea no es el producto sino el proceso.

La tarea es crear espacios de placer, de intensidad, Que el deseo llegará por añadidura.

(Creatividad feminista)

Sabor de vendimia

Recuerdo el terror de las primeras arrugas.

Pensar: Ahora sí. Ya me llegó la hora.

Las líneas de la risa marcadas sobre mi cara

aun en medio de la más absoluta seriedad.

Yo, frente al espejo, intentando disolverlas con mis manos, alisándome las mejillas, una y otra vez, sin resultado.

Luego fue la mirada furtiva de mi reflejo en los escaparates preguntarme si la luz del día las haría más evidentes, si el que me observaba desde la otra acera estaría censurando mi incapacidad de mantenerme joven, incólume ante el paso del tiempo.

Viví esas primeras marcas de la edad con la vergüenza de quien ha fallado. Como una estudiante que reprueba el examen y debe caminar por la calle

con las malas notas expuestas ante todos.

Las mujeres nos sentimos culpables por envejecer, como si pasada la juventud de la belleza, apenas nos quedara que ofrecer, y debiéramos hacer mutis; salir y dejar espacio a las jóvenes, a los rostros y cuerpos inocentes que aún no han cometido el pecado de vivir más allá de los treinta o los cuarenta.

No sé cuándo dispuse rebelarme. No aceptar que sólo se me concedieran como válidos los diez o veinte años con piel de manzana; sentirme orgullosa de las señales de mi madurez.

Ahora, gracias a estos razonamientos cada vez me detengo menos frente al espejo. Paso por alto la aparición de inevitables líneas en el mapa de vida del rostro.

Después de todo, el alma, afortunadamente, es como el vino.

Que me beba quien me ame, que me saboree.

Gioconda Belli (Nicaragua)

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